JUEVES: LA BODA EN EL SHIBUYA
El jueves pasado Unai y yo cogimos un avión Barcelona-Tenerife para pasar el fin de semana en esa isla con motivo de la boda de mi hermano. Miguel y Einar nos fueron a buscar al aeropuerto, almorzamos con mamá y abuela y luego fuimos un rato a la playa. Después fuimos a casa de Claudia y allí nos preparamos y quedamos todos los amiguichus para cenar juntos. A las 11 empezamos Claudia y yo a pinchar en el Shibuya y me lo pasé muuy bien; fue una bonita reunión porque había gente a la que hacía mucho que no veía, y además el Shibuya no estaba lleno hasta los topes.
Sin duda, fue una de las mejores noches que he pasado en ese, nuestro club favorito, gracias a dos momentos estelares:
a) A las 2 aparecieron mi hermano y su novia (ahora ya esposos). Fue todo felicidad, abrazos y emoción. Estuvieron aprox. una hora y justo antes de irse les dedicamos -todos- una canción: La boda de Astrud. Yo no me podía parar de reir al ver a Clara (la novia, superfan de Astrud) y mi hermano (no-tan-fan y supertímido) en el medio de la pista rodeados de unas 15 personas bastante borrachas formando un corro que les cantaban "¿Cómo querréis que os llamemos? ¿Señor y señora? ¡No me hagas reir!"... "¡No os caséis, no os caséis! Vámonos a tomar algo...", etc. Me reí tanto que mis carcajadas seguro que se oyeron desde Shibuya, Tokio.
b) El Shibuya cerró pero nosotros nos quedamos dentro hasta las 7. Marta y Unai se subieron a la barra (no sé por qué
para bailar pegaos. Miguel e Iris hicieron su típico pasobaile polca con la canción de Saint Etienne... y la canción para cerrar fue (lógicamente) Cerca de Shibuya de La Casa Azul, y de nuevo esa sensación de felicidad de ver a todo el mundo cantándola; temblaban las paredes y aquello parecía más bien un concierto de LCA. Flipantes los popis estos.
VIERNES: DESPEDIDA DE SOLTERA
Tras un día de vagancia, comidas familiares y últimos preparativos para la boda, salimos por la noche para la despedida de solteros. No fue la clásica despedida con souvenirs sexuales, vestidos de novia falsos y boys por doquier (jo), pero bueno, fue bastante gracioso. Lo único malo es que todos los sitios a los que fuimos eran rollo house o rollo terraza para gente de 40, pero descubrimos cosas fascinantes: que en las despedidas siempre se acerca un solterón cuarentón para ligarse a la hermana de la novia, que está de moda hacer cruising en las playas y que Claudia espanta a los buitres con una mirada acero azul flipante. Yo sé bien lo que me digo.
SÁBADO: MATRIMONIO, DIVINO TESORO
Fue todo precioso. Bueno, el ayuntamiento muy bonito no es, pero yo me emocioné todo el rato como una boba. Mi hermano con cara de nervioso esperando a la novia; la novia entrando con la sonrisa más bonita y sincera del mundo; la mirada de mi hermano; cómo les temblaban las manos a ambos; mi madre llorando; tirarles el arroz, etc. Me encantan las bodas, aunque sean una tontería, pero es que me encantan. Luego el coctel, Claudia con su increíble vestido estilo Gilda, Unai con fraque (jajaja), Miguel un poco achispao (antes de la cena se bebió hasta el agua de las fuentes), mis tacones a punto de romperse por el puto cesped, todos mis primos y tíos de Londres, las clásicas conversaciones sobre nuestra infancia... una cena buenísima y luego la barra libre; el vals, bailar Paquito el chocolatero con mi tía borracha, descubrir que Marta se sabe entera la letra del Bulería (tan dentro del alma mía), la conga, reirnos de la gente, reirnos del DJ, sacar a bailar a los niños... etc... etc... el DJ estuvo hasta las 6 pero dejó sonando un cd supercasposo con música 80das que estuvo todo el rato en repeat. No nos importó y muchos nos quedamos hasta las 7, que el tiempo pasa volando en las bodas, y luego quedamos fuera para desayunar. Unai, Miguel, Claudia, Marta, Jorge, Sebastián, Bea y yo estuvimos hablando, bebiendo café, fumando y comiendo croissants hasta las 10, todos medio sudados, apestando a noche, con el maquillaje todo corrido y los pies hechos polvos. Nos fuimos a dormir a las 11...
DOMINGO: LOVE IS IN THE AIR(PORT)
No dormimos nada, como es lógico, porque entre mi madre hablando por teléfono, mi abuela con la tele altísima y los niños de los vecinos, era imposible descansar y nos levantamos a las 2 totalmente muertos. Salimos para almorzar con los esposos (Dante y Clara, mi hermano y su mujer, esposaos), que estaban más guapos que nunca; horas después se fueron de luna de miel a NY, posiblemente a fabricar un pequeño bebé rubio y con los ojos claros, como toda nuestra familia. Unai y yo hicimos las maletas, vimos un rato a Miguel y Claudia y volvimos al aeropuerto. Qué rápido pasa lo bueno!